Gracias por tu tiempo y por haber llegado hasta aquí. En las siguientes líneas te contaré un poco más de mí.
Creo que todo en esta vida tiene un por qué y un para qué…

La esencia. Deseo que conozcas quién está detrás de la pantalla, detrás de las fotos, detrás de la fachada. Esto soy, un hombre con pensamientos, sentimientos, pasiones, virtudes y defectos, pero con una esencia. Mis fotografías son un reflejo de lo que observo y a la vez cargan la emoción que percibo y vivo en cada momento. Mi intención es rescatar esos instantes y sus protagonistas para transmitirlos fieles a su esencia.

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Un viajero. Un proverbio árabe dice: “quien vive ve, pero qien viaja ve más”. Pero el viaje no requiere contar con mucho dinero, ni tiempo de sobra, ni países lejanos. El viajar y ver se relacionan más con una forma de ser. Cuando uno está “de viaje” desea aprovechar cada momento, deseoso de conocer lo que más se pueda: gente, cultura, edificios, lugares, olores, entre otras tantas experiencias nuevas.
Esos días de viaje se disfrutan mucho y es una buena oportunidad para ver la vida de otra manera, pero cuando volvemos a nuestro lugar debemos seguir con la rutina, a tal punto que la mayoría de los días pasan desapercibidos. A raíz de esto, elegí ser un viajero constante, valorando la realidad diaria y disfrutando cada momento.
Hasta el día de hoy conocí varias ciudades en distintos puntos del planeta y todas tuvieron su magia que me enseñó a crecer y a ver con otros ojos cada instante. Seguramente en este momento estaré de viaje en otra ciudad o en mi propia rutina…

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Mi padre. Como dije antes todo tiene un por qué y nada se escapa al propósito Divino. Si bien a mi padre le gustaba la fotografía, recuerdo haber tomado una foto con su cámara una sola vez. Nunca me explicó cómo funcionaba ni que hacía cada botón, pero me gustaban mucho sus fotos porque me hacían revivir ese día y, ahí congelado sobre el papel, era un catalizador para los recuerdos.
A mis 16 años me nació el sueño de ir a ayudar en una escuela de Guinea Ecuatorial. Conocí un hombre que hacía eso y me inspiró mucho. Desde más pequeño veía el mundo muy distante de mí y más al ser yo de un lugar tan lejano como es Ushuaia. La Antártida estaba a un tercio de camino comparado con Buenos Aires, pero escuchar a aquel hombre que estaba en África hizo movilizar cada parte de mi cuerpo. Yo quería viajar y ayudar, servir con toda la connotación que esa palabra implicara.
Cuando le cuento de mis ganas de ayudar a mi papá él se rió y le gustó mi propuesta, pero como cualquier padre que aconseja a un hijo adolescente me dijo: “cuando seas grande, te hayas recibido y demás, recién ahí pensá en cómo ayudar a los nenes en África”. Tenía lógica lo que él decía, pero no abandoné mi sueño, me propuse que cuando sienta en mi corazón que deba ir, lo haré.
Nada de lo que cuento tendría sentido sin decir lo que luego pasó, ya que al poco tiempo a mi viejo le detectan una enfermedad terminal y a los cuatro meses fallece. En ese corto tiempo aprendí muchísimo de ese hombre. Su cuerpo y fuerzas se extinguieron, pero él sembró en mí una semilla de suma importancia: me enseñó a ser humilde, a no bajar los brazos y a demostrar amor.

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Escucharlo dejar de respirar fue lo más atroz en mi vida, pero me vino una frase que nos dijimos antes: “esto no es un chau, sino un hasta luego…

Unos días después me animé a entrar en su habitación y encontré en un bolsillo de su saco un sobre a mi nombre. En él había un poco de dinero que había podido ahorrar y su mensaje fue: “luchá y seguí adelante con tus sueños, viajá y ve más”. Ese pequeño momento entre lágrimas marcó mi vida para siempre.
Y ahí fue que, a través de viajes, conocí la fotografía.

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Fotógrafo de bodas. Si bien soy principalmente documental, me dedico a la fotografía de bodas, ya que encuadra mucho de lo que busco en cada imagen. Me gusta acercarme a los momentos y vivirlos. En mis fotos se puede apreciar que estoy en frente, a centímetros de una sonrisa, de un beso o una lágrima, pero mantengo mi distancia para no interferir y condicionar cada reacción. No vas a encontrar fotos posadas, todas son naturales y reales. Me esfuerzo por dar siempre lo mejor de mí, buscando una estética sencilla y minimalista, con una ligera edición vintage, pero siempre conservando un factor principal, la emoción.
Lo que ofrezco en mi trabajo es la cobertura total del día de la boda, desde los preparativos de los novios hasta el final de la fiesta. Como disfruto mucho de lo que hago siempre soy flexible para estar el tiempo que me necesiten.
Ofrezco una sesión de novios. Este encuentro previo está genial porque les permiten a ustedes saber cómo trabajo, y también he comprobado que se sienten más libres y despreocupados en el gran día, porque saben que haré bien mi trabajo. Las fotos de la boda las entrego en un pendrive personalizado para que puedan guardarlas y compartirlas de manera fácil y segura.
Normalmente trabajo con uno o dos fotógrafos más sin ningún costo adicional. De esta forma no se pierde ningún momento, ellos son muy profesionales y confío plenamente en su trabajo.
Todo lo antes mencionado tiene un valor de 11500 pesos. Opcional es la entrega del trabajo en fotolibros de alta gama.

¡QUE VIVA EL AMOR!
Sape Oscar.